La seguridad aeroportuaria americana

controlEE.UU, esa nación con numerosas medidas de seguridad. Un país con un claro objetivo: Impedir que se repitan sucesos como los del ya recordado para siempre 11-S. ¿Cómo controlar mejor el acceso de las personas? Pues empezando por unas duras medidas de entrada a los aeropuertos. Cuando un pasajero procedente de la Unión Europea aterriza en Nueva York se encuentra con unos veinte puestos de control. Eso sí, de los veinte emplazamientos tan sólo estarán operativos cuatro o cinco. Por ello, las colas en los controles pueden llegar a ser eternas.

Por si las colas ya impacientasen más de lo debido a unos pasajeros que llevan dentro de un Airbús más de 8 horas y que quieren respirar aire fresco cuanto antes, a veces la suerte no te acompaña lo más mínimo. Y es que una azafata te designa el número de puesto al que te tienes que dirigir. Pues bien, la pareja que estaba delante nuestro tuvo bastantes problemas administrativos. Ante la situación me dirigí a un policía cercano preguntándole amablemente si podíamos mi madre y yo cambiarnos de puesto debido al problema. La respuesta del hombre de color y de unos 2 metros de estatura fue “No”. Pero no una negación normal, sino una negación a gritos y bastante despectiva. En inglés le contesté que entendía su postura pero que por favor no me respondiese a gritos, ya que no era un animal. Su respuesta fue el ya famoso “Fuck you”, que en cristiano quiere decir “Que te jodan”. Como apreciamos un cuerpo policial muy educado.

control 2

Con mayor dosis de resignación de lo previsto tuve que regresar al puesto de control. Cuarenta minutos tardamos en pasar la barrera de seguridad. Una inspección en toda regla que incluye bastantes preguntas y la toma de huellas digitales en tres ocasiones además de unas cuantas fotos de perfil. Por supuesto, la documentación necesaria ya estaba completada. Como algunos sabréis esta consta de un formulario con preguntas del tipo ¿Eres terrorista? o ¿consumes polidrogas habitualmente?. Es decir, de locos. El orgullo patriótico que sienten hacia su nación es tan absurdo que el resto de la humanidad  debe estar dos categorías por debajo del estándar americano según su criterio.

La verdad es que una vez ya inmerso en la ciudad la experiencia fue maravillosa. Sin embargo, los viajes tienen como todo en esta vida su final y nos tuvimos que dirigir un buen día de domingo con nuestras maletas hacia el aeropuerto para regresar a España.  Por cierto, mi maleta fue adquirida en “Nueva York” ya que misteriosamente tras las inspecciones americanas cuando llegué por primera vez a la ciudad apareció sin mango y con bastantes golpes. Por supuesto, la cortesía americana incluye bastante papeleo para efectuar una reclamación, así que preferí desistir y hacerme con un buen y barato equipaje de vuelta.

De nuevo en el aeropuerto, nada más obtener la tarjeta de embarque, te obligan a pasar todo el equipaje por un escáner. Desde este dispositivo la maleta automáticamente se encamina hacia la cinta de equipajes. A la hora prevista nos dirigimos hacia el control de seguridad. Como en todos los procedimientos de seguridad aeroportuarios retiramos todos los objetos metálicos así como los dispositivos electrónicos y los introducimos en las míticas bandejas de plástico. Todo correcto. Sin embargo, un guardia de seguridad nos pide que nos descalcemos. Yo le respondo que por supuesto, peor que por favor me de una bolsa de plástico o algo parecido ya que el suelo estaba sucio.

Sucio podría ser un calificativo hasta positivo y todo. El pavimento del control incluía infinitas huellas marcadas, chicles pegados en el suelo y todo tipo de manchas no muy agradables a la vista. Vamos, que la limpieza no es la de ellos. El guardia me volvió a pedir que me descalzase y yo le dije que hasta que no me prestasen una bolsa o algo parecido que  protegiese mis pies no lo haría. Pues bien, el guardia de seguridad ante mi negativa avisa al policia.

El policia me empieza a gritar ordenándome que me descalce, yo actuo de la misma forma que ante su compañero. Inmediatamente me coge con fuerza del brazo y me balancea. Yo le grito y le contestó ya de forma enfadada. A continuación, el hombre coge mis zapatos de la cinta y los tira hasta el otro extremo. Debía pensarse que mis zapatillas eran balones de rugby o algo por el estilo.

Debido a la inminente salida del vuelo, no tuve más remedio que atravesar la zona de control descalzo, sin bolsa de plástico alguna. Mis pies todavía se estarán acordando, un día de estos igual aparecen hongos o algo parecido sobre su superficie. Siete horas después llegamos al aeropuerto de Barajas, en Madrid intentando comprender algo del modelo americano. Por una parte reclaman más paz, limpieza y calma en el mundo. Sin embargo, ¿Cómo lo van a conseguir si sólo saben actuar con gritos y violencia? Lo que sí tengo muy claro es que el examen psicológico para entrar en los cuerpos de seguridad del Estado americano no debe ser nada difícil de superar si nos remitimos a los hechos.

Publicado en  on Octubre 10, 2009 at 4:12 pm Dejar un comentario

El URI para hacer TrackBack a esta entrada es: http://chiwigonzalez.wordpress.com/2009/10/10/la-seguridad-aeroportuaria-americana/trackback/

Canal RSS de los comentarios de la entrada.

Leave a Comment