Times Square es el centro puro y duro de la vida neoyorquina. En numerosas ocasiones este emplazamiento ha sido comparado con la plaza de Callao en Madrid o con Picadilly en Londres. Sin embargo, dada la magnitud de este rincón, las comparaciones en este caso son más odiosas si caben. En este lugar, cualquier persona puede hacer casi cualquier cosa, pero sobre todo una en concreto: Consumir.
Da igual la hora del día en la que un ciudadano atraviese Times Square, siempre estará lleno, tanto si son las 4 de la madrugada como las 12 del mediodía. Si muchos afirmaron que Nueva York nunca para su ritmo frenético, buena parte de la culpa la tiene esta plaza colosal. Sus letreros luminosos siempre están iluminados, y es que las empresas tienen que amortizar el enorme coste que estos letreros tienen en concepto de gastos publicitarios para la compañía. Por ejemplo, Coca Cola paga 1 millón de dólares por su “huella” aquí.
En el país del Capitalismo por excelencia y con tanto gran negocio de por medio la contaminación lumínica llega a molestar más de la cuenta. Cuando las retinas de los turistas contemplan por primera vez las vistas, inmediatamente la sensación que a uno le llega a la mente es la impresión. La cuarta vez ya siente mareos entre tanta bombilla y tanto movimiento humano y tráfico rodado. No sé a cuanto ascenderán las facturas de electricidad de los comercios de la zona, pero no me extrañaría que supusiesen un importe parecido al del alquiler del propio local.
Y bien, ¿Qué hay en este famoso lugar?. Pues como en muchos otros rincones de Nueva York comercios. Muchos de ellos son franquicias de ropa como H&M o Foot locker por sólo poner dos ejemplos. También hay negocios de este tipo en el panorama gastronómico (Fridays, Mcdonalds). Las pequeñas tiendas de electrónica invaden muchos espacios. Todas ellas venden artículos similares y se centran en el negocio de venta de cámaras digitales de fotos. Sobre todo en los turistas de procedencia asiática suponen un gran reclamo.

¿También está presente la cultura? Pues por supuesto que sí. Los teatros de Broadway se encuentran en la zona de Times Square. A diferencia de los de la Gran Vía madrileña no están todos situados uno a continuación del otro , si bien es cierto que están muy cerca los unos de los otros , como mucho a 5 minutos a pie de distancia. En sus carteleras rezan los títulos de grandes musicales como el de “Chicago” o el del “Fantasma de la Ópera”, que a día de hoy aún sigue siendo el espectáculo de este tipo con mayor presupuesto y con más efectos especiales. El teatro convencional también está presente, pero de un modo más minoritario, siendo en muchos casos la presencia de un actor conocido por sus trabajos en filmes o series de ficción, en calidad de protagonista del evento, su mayor atractivo.

Y, ¿qué pasa con la música?. Pues que Times Square no se olvida de ella. En su explanada central se montan varias veces al año escenarios provisionales para la actuación de algún artista. El teatro Nokia suele ser el escenario escogido por muchos cantantes famosos para estrenar a nivel mundial los singles de sus nuevos trabajos. Al lado de éste, está situada la sede de la MTV. Si uno sigue por la séptima avenida unos 10 minutos andando, ya un poco alejado de todo el entramado de los luminosos, podrá contemplar el “Madison Square Garden”, que además de servir de pabellón para los encuentros de los “Knicks” en la NBA, también es el escenario preferido por muchos artistas para grandes conciertos por su magnitud y calidad acústica. Justo delante de este mítico multiusos, está emplazada la sala “Chase”, especializada en actuaciones de
artistas con reconocimiento internacional del panorama indie.
Ahora bien, por desgracia, hay un estilo musical que eclipsa al resto. Éste no es más que el Hip Hop. Uno se puede entretener contando el numero de raperos que ‘a grito pelado’ promocionan sus trabajos e intentan vender su CD personal a algún turista incauto. El rock en Nueva York se ha ido apagando, por ello, en la calle 47, en pleno Times Square donde antes se situaban numerosas tiendas y locales musicales, ahora sólo encontramos el todopoderoso comercio de instrumentos “Samash” y la tradicional y elitista tienda “Ruddish” reservada para artistas de calado internacional como Eric Clapton que se pueden permitir auténticas obras de arte de las cuerdas. En sus estanterías se exhiben “Stratos” de más de 15.000 euros y ”Gibsons” originales de los 50 en las que el precio ni siquiera está marcado para no provocar infartos a más de uno. Eso sí, el country seguirá presente por el momento gracias a un personaje que casi todos los días con su acústica al hombro toca acordes míticos en la escalinata central de la plaza. Eso sí, más que un concierto es un show, ya que el hombre en cuestión sólo va vestido con calzoncillos ( con la bandera americana como dibujo), sombrero texano y camperas. Un cantautor muy….. a la americana.
EE.UU, esa nación con numerosas medidas de seguridad. Un país con un claro objetivo: Impedir que se repitan sucesos como los del ya recordado para siempre 11-S. ¿Cómo controlar mejor el acceso de las personas? Pues empezando por unas duras medidas de entrada a los aeropuertos. Cuando un pasajero procedente de la Unión Europea aterriza en Nueva York se encuentra con unos veinte puestos de control. Eso sí, de los veinte emplazamientos tan sólo estarán operativos cuatro o cinco. Por ello, las colas en los controles pueden llegar a ser eternas.
drogas habitualmente?. Es decir, de locos. El orgullo patriótico que sienten hacia su nación es tan absurdo que el resto de la humanidad debe estar dos categorías por debajo del estándar americano según su criterio.
New York, New York, esa mítica ciudad a la orilla del gran río Hudson, uno de los referentes metropolitanos de la costa este americana, la ciudad de los rascacielos, la de la estatua de la libertad, de los teatros de Broadway y… la de miles de taxis amarillos por sus calles. El número de estos vehículos a buen seguro impresionará a la inmensa mayoría de los turistas que pasean por las céntricas calles. Y es que es tal la proporción de coches de este popular medio público que en Manhattan 4 de cada 5 automóviles son de este tipo.
