Qué cruel y desagradecida es a veces la vida del músico. Toda la vida trabajando y poniendo el arte personal de cada persona al alcance de las manos del resto para que éstas se conviertan en garras que acaben con el alma ya de por sí maltratado de uno mismo. Esto es lo que le ha ocurrido a dos músicos recientemente fallecidos. Se ha hablado de los más grandes del pop a nivel nacional e internacional. Como muchos os podréis imaginar estoy hablando de Antonio Vega y Michael Jackson. Dos estrellas que en el ocaso de sus vidas fueron apaleados y conducidos hacia el trágico destino de la muerte.
El primero seguía anclado veinte años después en una dura lucha contra la droga. Antonio aguantó y sacó fuerzas del corazón para seguir recitando preciosos relatos al lado de su guitarra en una etapa en solitario bastante fructífera aunque incomparable si tenemos en cuenta el seguimiento que en su día suscitó la banda ‘Nacha Pop’. Como otros muchos músicos españoles de la movida, cayó en esa vida de las dos caras, la de la excitación y las fuerzas que otorgan las drogas en un primer momento para ir a deparar a la cruz de las puñaladas que las sustancias de lo prohibido propician en el cuerpo y la mente de las almas confusas.
Michael Jackson falleció por causas similares. Inmerso de lleno en una depresión emocional y con un estado físico deplorable, representó lo que es una máquina expendedora de billetes. Fue obligado por su entorno a realizar una gira que requería enormes fuerzas que el “rey del pop” ya no tenía para pagar las deudas en las que sus mánagers y la industria lo habían metido. Vivió los últimos meses a base de sustancias que hacían que su cuerpo y mente fuesen por caminos distintos, hasta que su corazón dijo basta.
En los últimos meses se ha aprovechado cualquier minuto libre de las parrillas de la pequeña pantalla para hablar e indagar en la vida privada de estos personajes. Que si Antonio Vega murió por drogas que le habían vendido ciertas personas, que si el de la chica de ayer se guiaba de ciertos compañeros de vicios… el culebrón de Jackson es aún de mayores proporciones. Se especula acerca de su testamento, del alcance real de sus deudas, de sus romances y de nuevo se está sacando a la luz la supuesta actitud pederasta del cantante. Actitud por cierto no demostrada. Desde estas líneas no se está ni defendiendo ni culpando al cantante en este tema, ya que nunca han existido pruebas fidedignas para evaluar un correcto juicio de valor y de hecho, ningún juzgado ha emitido sentencia alguna al respecto.
Las cuentas corrientes de las compañías tienen que crecer que ya se sabe que estamos en crisis. ¿Qué idea se les ocurre a estos magnates? Pues ni más ni menos que lanzar recopilatorios de ambos artistas nada más fallecer éstos, una medida un tanto cruel. ¿Cuántos grandes éxitos de Jackson había ya en el mercado? Yo ya he perdido la cuenta. Lo más curioso es que la gente abarrota las tiendas para adquirir los LP’s. Es como si se fuesen a agotar, pero no, aunque estén muertos siempre serán recordados por muchas personas y su música siempre estará en la estantería escondida de alguna casa o comercio para poder entrar de lleno en los oídos y acceder desde ahí al cerebro de algún amante que se guíe por los sentimientos y no por la ansiedad capitalista del momento.
Con su música nos quedaremos siempre. La melancolía de Antonio y los movimientos y entrega en el escenario de Michael serán recordados por muchas generaciones. Tan sólo desearles que descansen en paz donde quiera que ahora se encuentren, se lo tienen bien merecido dado lo mucho que han aportado a este mundo y también lo mucho y malo que han recibido a cambio.