La popular marca de guitarras Fender ha dado en el último mes un paso adelante en su idea de democratizar los instrumentos musicales de cuerda. La culpa la tiene su nueva línea de guitarras y bajos “Road Worn”. Inspirada en el desgaste que sufrían los instrumentos al viajar en los coches de los míticos artistas que iban desde la costa Oeste a la Este americana y viceversa, son una gama de instrumentos con claras referencias vintage y con una calidad de sonido “made in USA” a un precio contenido.
La línea afecta a sus diseños de guitarras “Telecaster” y “Stratocaster”, así como a sus bajos “P- Bass” y “Jazz-Bass”. La nota común es el desgaste apreciable en el cuerpo de todas las piezas. Es una estética “relic”, antigua y usada. A pesar de los “rotos” aparentes en los modelos, a la vista resultan muy atractivas para el público, ya que van muy en consonancia con los gustos por lo antiguo que corren en la actualidad.
La novedad reside en que hasta entonces este tipo de instrumentos tenían un precio de adquisición realmente elevado. Eran el “Vega Sicilia” de las 4 y 6 cuerdas. Las piezas permanecían en salas especiales de conservación durante décadas hasta conseguir el óptimo resultado de madurez en sus maderas de especies exclusivas. Si el proceso anterior no era posible, un artesano o luthier construía el instrumento siguiendo las especificaciones de las épocas anteriores y escogiendo ejemplares de maderas de la más alta calidad. En conclusión: Guitarras de estética impresionante y sonido brutal, pero con precios a partir de los 3.000 €.

El caso de las “Road Worn” es distinto. En este artículo nos vamos a centrar en las guitarras, las cuáles se pueden escoger en dos grupos: 50′ y 60’s. Cada uno de ellos como uno se puede imaginar, siguiendo en la medida de lo posible las especificaciones de las décadas de Hendrix, Les Paul y compañía. Las 50 tienen el mástil de arce, mientras que las 60 cuentan con diapasón de palo rosa.
En mi caso, he tenido el gusto de probar un ejemplar de la 50’s Stratocaster. La verdad es que la guitarra suena
potente, con fuerte pegada y definición. Estamos ante una Strato muy cómoda ya que se ha construido simulando un uso en su mástil lo que hace que la guitarra parezca que esté rodada y se adapte rápidamente a nuestros dedos. Parece una guitarra de un segmento superior y ofrece mucho por los 1.000€ que cuesta. Estáis leyendo bien, porque todos los modelos de “Road Worn” rozan esta cifra económica.
¿Cómo se consigue esto? Las guitarras lógicamente se hacen en la actualidad siguiendo especificaciones de míticos modelos. Para el desgaste se sigue un procedimiento minucioso. Con unos pasos previos de ingeniería, se han determinado las áreas de cada cuerpo que se pueden desgastar para conseguir la estética que se persigue sin alterar el sonido. Después, cada operario realiza el proceso en cuestión con unas herramientas específicas y productos químicos – se supone que aditivos de nitrocelulosa- cuya fórmula la multinacional guarda en secreto como si de la receta de la “Coca Cola” se tratase.
Aunque cada operario realiza el desgaste de cada guitarra por separado, sin estar ante un proceso puramente mecanizado, lo cierto es que el acabado de los cuerpos terminados suele ser muy similar. Eso sí, la calidad conseguida es muy superior a la del modelo Joy Strummer Telecaster, que queriendo dar en el clavo de la era relic del “Low-cost”, lo que consiguieron los chicos de Fender fue una guitarra de estética artificial y calidad cuestionable.
Todos los modelos se montan en la fábrica mexicana que la compañía tiene en Ensenada y con piezas traídas de la frontera americana. Este hecho me ha sorprendido mucho, ya que hasta entonces he considerado la línea mexicana de Fender como algo descafeinada, sin el plus de los modelos hechos en Corona (California), por no hablar de las escasísimas unidades importadas a nuestro país desde Japón, que por un puñado de euros menos ensombrecen a los modelos americanos en muchas ocasiones.
En definitiva, Fender ha conseguido excelentes instrumentos con un precio de venta al público en torno a los 1.000€. La diferencia con los modelos americanos en sonido es mínima, y si se quiere mejorar, con montar unas pastillas Fender Noisseless en las Strato o unas Lollar en las Telecaster, por poner dos ejemplos, se consiguen resultados muy satisfactorios. La estética, sin llegar a la calidad y exhaustividad en los detalles de las verdaderas relic “pata negra” – en algo se tiene que notar los más de 2.000 € de diferencia- da el pego de guitarra antigua a no ser que seas un gran entendido de instrumentos. Por ello, ¿no se estará poniendo Fender la zancadilla a sí misma?. Lo que sí sabemos es que en lo que a ventas se refiere a buen seguro que la compañía factura más de la cuenta, ya que estos diseños encajan en los bolsillos tan rotos por la crisis económica que atraviesa la sociedad en general, y muchos guitarristas profesionales en particular .