Los antecedentes de la Nouvelle Vague hay que buscarlos en los años 40. En esta década, el cine francés se divide en dos corrientes esenciales. Por un lado, estaban los directores de la qualité. A menudo, estos autores eran criticados por hacer un cine totalmente complaciente con el poder, con obras muy alejadas de la realidad y siempre muy respetuosas con el sistema de censura.
Por otro lado, aparecieron autores que hacían largometrajes más personales y marginales. Entre estos directores, encontramos nombres como Jean Renoir, Jacques Tati o Robert Bresson.
Centrándonos de nuevo en el movimiento que nos corresponde, la Nouvelle Vague se define literalmente como “Nueva Ola”. Sus obras influyeron notablemente en la década de los 60. Se ha afirmado de hecho, que con la Nouvelle Vague surge el cine moderno.
El movimiento, es ante todo una ruptura con el modelo tradicional de cine anterior. Sus representantes principales fueron jóvenes entusiastas que se transformaron rápidamente en grandes críticos del cine, gracias en parte, a la publicación Cahiers Du Cinema. Las críticas se centraban en los directores consagrados franceses. A juicio de los escritores de la publicación, sus películas eran anticuadas y se alejaban de la realidad.
En cierto modo, existe un paralelismo entre los directores de la Nouvelle Vague y las revueltas estudiantiles de los 60. Recordemos que fueron duros años en los que se reclamaban derechos civiles, existía una dura oposición a la guerra de Vietnam en EE.UU, y además, tuvo lugar la “Primavera de Praga”, con una revolución estudiantil al frente. En general, se hablaba de una nueva sociedad muy contraria a los acontecimientos de la época. Incluso algunos historiadores, afirman que hubo una vuelta a la concepción pesimista del existencialismo francés que surgió durante la II Guerra Mundial.
La Nouvelle Vague apareció en Francia. Pero en otros países, también se desarrollaron aires renovados en el cine. Todos ellos, en conjunto, se conocen como “Los Nuevos Cines”. De forma particular, destacan en Inglaterra el “Free Cinema” con Tony Richardson y Lindsay Anderson a la cabeza; el “nuevo cine alemán” cuyos máximos exponentes eran Rainer W. Fassbinder y Werner Herzog; y la “Nueva Ola Checoslovaca”.
La Nouvelle Vague parte de la idea base de que el cineasta es ante todo, un creador. De manera semejante al escritor, el pintor, o el músico, el cineasta debe comenzar a innovar. Para ellos, todo director debe transmitir su forma personal de ver el mundo, y por tanto, debe plasmar su huella personal en cada una de sus obras. La libertad creativa en este contexto es fundamental. Al mismo tiempo, también se acepta una concepción del cineasta como hombre intelectual, que a través de la observación, obtiene un profundo conocimiento de la realidad.
Frente a los mecanismos industriales y comerciales de otras industrias cinematográficas como la americana, la Nouvelle Vague se centra en la visión personal del autor. No obstante, los directores no desprecian el cine clásico americano, ni mucho menos. John Ford o Alfred Hitchcock serían muy tenidos en cuenta en el movimiento francés, precisamente por su capacidad de innovación y visión personal. De hecho, incluso en la propia nación americana, eran autores poco reconocidos por aquel entonces, y ya muy considerados por directores como Truffaut..
Los protagonistas de las películas francesas suelen mostrar la rebeldía. La angustia existencial, las ansias de libertad, la educación, la juventud o el cambio generacional, serán algunos de los temas principales. A pesar de tratarse de un movimiento común, cada autor prioriza algunos temas. Muchas veces da la impresión de que ni siquiera existe una unión temática entre los representantes del movimiento.
En cuanto a la estética, también hay disparidad entre autores. Muchos de ellos se muestran muy contrarios al clasicismo narrativo americano, en especial, en lo que al plano-contraplano se refiere. Otros, como Truffaut, no están del todo de acuerdo con esta tendencia. A pesar de todo, existen muchos aspectos en los que no se generan discusiones entre directores. Ejemplo de ello es la nueva forma de contar historias. La Nouvelle Vague acaba con la tradicional norma de “planteamiento-nudo-desenlace” a favor de unas películas totalmente fragmentadas. También buscarán la naturalidad frente al convencionalismo. El montaje también será fragmentado, con muchas elipsis y saltos de raccord de continuidad.
Un elemento especialmente novedoso es la música. Gracias a la aparición de novedades técnicas como grabadoras de sonidos, en los films se introducen melodías de jazz y música moderna.
Por último, en cuanto a los autores, destacan los nombres de Jean Luc Godard – el más revolucionario de todos ellos, tanto en el aspecto teórico como en el ideológico- y Francois Truffaut, con su lado humano y nostálgico al frente. Otros directores menores fueron Eric Rohmer, Jacques Rivette o Claude Chabrol.
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