Coldplay, una banda que suele convencer a un gran público, que apuesta por un estilo que acoge por igual a los amantes del pop y del rock. ¿Suena bien no?. Muchas personas los consideraban los “hijos” de los irlandeses U2. ¿Pero realmente lo merecen?. Desde mi punto de vista, en el plano de las similitudes sólo destacaría la presencia de un líder claro en la formación, llámese Chris martin o Bono.
Se supone que una banda para crecer en calidad debe contar con unos primeros albumes maravillosos, alejados del mercantilismo y con un estilo propio y definido, aunque al mismo tiempo con sutiles diferencias entre los respectivos trabajos. A raíz del single “Yellow”, la banda creció como la espuma. Su primer LP “Parachutes” enganchó a miles y miles de fans por todo el mundo. Todo marchaba por el buen camino ya que incluso su satánica majestad, véase Mick Jagger, afirmó en su día que U2 y Coldplay podían ser dignos sucesores de los Rolling Stones. A partir de estas atrevidas declaraciones, las comparaciones entre unos y otros crecieron más si cabe.
En el 2005 los ingleses publicaron X & Y lo que se convirtió en un verdadero boom. La caja contenía sencillos bastante acertados y como era de esperar en seguida se convirtió en un “superventas” y ponía a la formación en un estado de lucidez compositiva bastante evidente, ya que fueron muchos los que achacaban que su anterior trabajo titulado “A rush of blood to the head” era un plagio de riffs de George Harrison con arreglos a lo Johny Cash. Por si fuera poco, Satriani acabaría demandando a la banda por plagio evidente en varias canciones. Tal era el descaro de la copia que los tribunales no tuvieron más remedio que darle la razón al afamado guitarrista.
El paso definitivo tendría lugar en 2008, con la llegada de “Viva la vida”. Rápidamente el disco se vendió como churros, convirtiéndose hasta la fecha en el álbum con más descargas digitales legales de la historia -record que sigue ostentando hasta la fecha- y con el LP más vendido del año. ¿Pero tan bueno es? Muchos dicen que sí, y otros como yo mismo opinamos lo contrario. Para empezar fue un álbum complicado, ya que era de vital importancia para la existencia en la posteridad del sello “Parlophone” (nacido de una partición de EMI). Por ello, nos encontramos ante canciones modeladas por productores ansiosos de vender copias. Se sigue una fórmula de temas muy similar a los de otros trabajos, no se arriesga en nada y se hacen letras y ritmos simplones para no complicarse.
Trabajos muy similares, dependencia absoluta de discográficas frente a la originalidad creativa y un pasado bastante oculto cargado de plagios con lío de juzgados incluido. Todos ellos alicientes más que suficientes para desprestigiar hasta cierto punto a una banda. No dudo que no estemos ante una buena banda, pero desde luego no ante una gran banda que marque un antes y un después en la historia de la música moderna. Aquí ya no hablamos de gustos particulares, sino de hechos objetivos probados y citados anteriormente.
U2 podrá seguir tranquila en su pedestal. Con “No line on the horizon” han experimentado con la electrónica. El resultado de ello es un buen álbum, no un discazo que vuelva a sentar precedentes como lo hizo en su día por poner un ejemplo “The Joshua Tree”, pero es de agradecer que a pesar de la veteranía de la formación sigan impresionándonos con novedades más que evidentes. También es cierto que no dependen del dinero de nadie, ya son lo suficientemente conocidos, aunque Coldplay tampoco, con más de 40 millones de copias vendidas.
Con respecto a “Parlophone” no entiendo cómo puede seguir adelante este sello discográfico. Donde la industria discográfica está mal, ellos van aún más a contracorriente. Recientemente han publicado un Greatest
Hits de “Foo Fighters”, que es así todo de lo más acertado. Se ha visto que con Kilye Minogue y Coldplay han buscado sólo el beneficio económico y no les han dejado explorar nuevas vías, sino que nos han ofrecido un contenido enlatado y repetitivo, un más de lo mismo. Por si fuera poco, ya se ha salvado de la quema en varias ocasiones a base de relanzar los primeros discos de los “Beatles” ya que ellos son quiénes tienen la mayor parte de los derechos de venta.
Esperemos que el panorama cambie. Que Coldplay se decida a innovar y no a acomodarse en lo fácil y que los sellos discográficos apuesten por algo nuevo en época de crisis ya que el letargo de lo “nada nuevo” no hace más que empeorar la situación tan catastrófica en las que están inmersas.






Times Square es el centro puro y duro de la vida neoyorquina. En numerosas ocasiones este emplazamiento ha sido comparado con la plaza de Callao en Madrid o con Picadilly en Londres. Sin embargo, dada la magnitud de este rincón, las comparaciones en este caso son más odiosas si caben. En este lugar, cualquier persona puede hacer casi cualquier cosa, pero sobre todo una en concreto: Consumir.

artistas con reconocimiento internacional del panorama indie.
EE.UU, esa nación con numerosas medidas de seguridad. Un país con un claro objetivo: Impedir que se repitan sucesos como los del ya recordado para siempre 11-S. ¿Cómo controlar mejor el acceso de las personas? Pues empezando por unas duras medidas de entrada a los aeropuertos. Cuando un pasajero procedente de la Unión Europea aterriza en Nueva York se encuentra con unos veinte puestos de control. Eso sí, de los veinte emplazamientos tan sólo estarán operativos cuatro o cinco. Por ello, las colas en los controles pueden llegar a ser eternas.
drogas habitualmente?. Es decir, de locos. El orgullo patriótico que sienten hacia su nación es tan absurdo que el resto de la humanidad debe estar dos categorías por debajo del estándar americano según su criterio.
New York, New York, esa mítica ciudad a la orilla del gran río Hudson, uno de los referentes metropolitanos de la costa este americana, la ciudad de los rascacielos, la de la estatua de la libertad, de los teatros de Broadway y… la de miles de taxis amarillos por sus calles. El número de estos vehículos a buen seguro impresionará a la inmensa mayoría de los turistas que pasean por las céntricas calles. Y es que es tal la proporción de coches de este popular medio público que en Manhattan 4 de cada 5 automóviles son de este tipo.

Los aficionados a los instrumentos musicales de antaño, y concretamente los guitarristas, están de enhorabuena. Son muchas las marcas que están llegando a nuestro país gracias al esfuerzo de los distribuidores. En los últimos tiempos, estamos asintiendo a una revolución asiática y por fortuna los modelos de marcas prestigiosas como ‘Tokai’ van llegando, aunque sea con cuentagotas cuando hace unos pocos años no las podíamos ver por España e incluso por Europa.
La marca que ha resucitado de la “tumba” es ‘Charvel’. Esta firma americana fue muy famosa en los años 90. En pleno auge de las super-stratos, Charvel se erigió como una marca sólida que partiendo de la estructura de modelos míticos – sobre todo de Fender, con sus Telecasters y Stratocasters como estandartes,- realizaba una customización específica que solía incluir colores muy vistosos y pastillas humbuckers que sustituían a las tradicionales single-coils. Ahora es precisamente la multinacional Fender quién ha decidido invertir y sacar adelante este nuevo proyecto, dándole una nueva oportunidad a la firma californiana. En su estrategia de expansión y tras unos análisis de ventas y algunas negociaciones, al final se produjo la adhesión. ¿Cuál será la siguiente marca que pase por sus manos? Cualquiera se queda perplejo cuando descubre que otras firmas de caché como ‘Gretsch’, ‘Jackson’, ‘Takamine’ u ‘Ovation’ también forman parte del compendio ‘Fender’.
cuantiosas sumas de dinero de por medio. De ahí, nacieron las líneas signature que tanto siguen gustando en la actualidad, en las que el cliente, a priori puede disponer del mismo instrumento que su ídolo. ‘Charvel’ hizo caso omiso a estas políticas reafirmándose en su postura de que no quería “atar” a nadie ni obligar a sus artistas a llevar sus guitarras de por vida. Los californianos creían en el espíritu libre pero por desgracia el mundo no vive de las buenas formas, sino de los fajos de billetes y se vio obligada a cerrar. Tan sólo se mantenía la firma EVH, que bajo la supervisión del artista, recreaba los modelos empleados por Van Halen en su trayectoria profesional, pero no eran ‘Charvel’ puras.
La ergonomía ha sido otro aspecto muy tratado en este coche. Ferrari cree que un buen deportivo no tiene que resultar incómodo necesariamente y por ello los asientos son de tipo bacquet y ofrecen una más que correcta sujección además de otorgar al conductor y acompañante bastantes posibilidades de regulación en extensión, reclinaje y posiciones diversas de los mismos. El cuadro de instrumentos rompe totalmente con la línea de los anteriores autos. Adopta nuevas tomas de aire y un diseño de volante achatado no sólo en su parte inferior, sino también de forma sutil en la zona alta los tres brazos. En este sentido me recuerda mucho al del ‘Audi R8′. Los botones están muy a mano, de hecho, el propio Michael Schumacher ha colaborado e incluso diseñado algunos de los elementos de este apartado. Por supuesto, el ‘manettino’ se sigue manteniendo y otorga al piloto la posibilidad de ejecutar varios modos combinados de intrusión tanto del control de tracción como del de estabilidad.
del chásis se ha aumentado en un 15% con respecto al F430. Las suspensiones son específicas de este modelo y ofrecen una óptima relación entre confort y estabilidad, además de resultar novedosas por disponer de un tratamiento acústico que reduce las vibraciones del pavimento en el interior de la carrocería.La electrónica ha sido realizada por el especialista Magneti-Marelli y al tratarse de un modelo casi de competición se ha garantizado un 20% más de aceleración longitudinal con respecto a su precursor en el caso de que los controles y las ayudas se desconecten. La aerodinámica ha sido estudiada al dedillo y los trabajos en el tunel del viento han depositado ayudas como la carga vertical de 140 kg que se desvela cuando se circula a 200 km/h.
Qué cruel y desagradecida es a veces la vida del músico. Toda la vida trabajando y poniendo el arte personal de cada persona al alcance de las manos del resto para que éstas se conviertan en garras que acaben con el alma ya de por sí maltratado de uno mismo. Esto es lo que le ha ocurrido a dos músicos recientemente fallecidos. Se ha hablado de los más grandes del pop a nivel nacional e internacional. Como muchos os podréis imaginar estoy hablando de Antonio Vega y Michael Jackson. Dos estrellas que en el ocaso de sus vidas fueron apaleados y conducidos hacia el trágico destino de la muerte.
Michael Jackson falleció por causas similares. Inmerso de lleno en una depresión emocional y con un estado físico deplorable, representó lo que es una máquina expendedora de billetes. Fue obligado por su entorno a realizar una gira que requería enormes fuerzas que el “rey del pop” ya no tenía para pagar las deudas en las que sus mánagers y la industria lo habían metido. Vivió los últimos meses a base de sustancias que hacían que su cuerpo y mente fuesen por caminos distintos, hasta que su corazón dijo basta.
Las cuentas corrientes de las compañías tienen que crecer que ya se sabe que estamos en crisis. ¿Qué idea se les ocurre a estos magnates? Pues ni más ni menos que lanzar recopilatorios de ambos artistas nada más fallecer éstos, una medida un tanto cruel. ¿Cuántos grandes éxitos de Jackson había ya en el mercado? Yo ya he perdido la cuenta. Lo más curioso es que la gente abarrota las tiendas para adquirir los LP’s. Es como si se fuesen a agotar, pero no, aunque estén muertos siempre serán recordados por muchas personas y su música siempre estará en la estantería escondida de alguna casa o comercio para poder entrar de lleno en los oídos y acceder desde ahí al cerebro de algún amante que se guíe por los sentimientos y no por la ansiedad capitalista del momento.
actor Adrian Brody da vida al magnate de la compañía discográfica “Chess Records”, uno de los primeros sellos dedicados al blues y que acogió y descubrió en su sala de grabación a míticos artistas de color como Muddy Waters, Leonard Chess, o Chuck Berry entre otros.